CaixaBank hace acopio de liquidez para devolver el dinero del BCE sin dañar su solvencia

Los bancos europeos tienen dos retos por delante: cumplir las nuevas exigencias europeas para resistir en caso de crisis y devolver las inyecciones multimillonarias de liquidez que la barra libre del Banco Central Europeo (BCE) puso en sus manos para sacar a la zona euro de la crisis. CaixaBank asegura que está preparado para ambos.


El banco catalán ha empezado a hacer los deberes con más de un año y medio de adelanto para llegar a buen puerto en la segunda de estas materias. Para esta entidad, el día D llegará en junio de 2020, cuando tiene que devolver el grueso de las ayudas de 28.200 millones de euros que tiene como resultado de su apelación a las subastas de liquidez del BCE condicionadas al préstamo (las famosas TLTRO). En un solo mes, 24.729 millones deberán volver al lugar del que salieron.

Aunque el mercado da por hecho que el organismo comandado por Mario Draghi se sacará otra vez de la chistera una forma de ayudar a los bancos para que ese trago sea menos dramático, CaixaBank ha preferido contar con sus propias fuerzas por si acaso. Su estrategia ha sido hacer acopio de liquidez para que su solvencia se mantenga en niveles elevados incluso después de la devolución.

Así lo ha asegurado el banco a los inversores y analistas en la reunión que ha tenido con ellos este martes en Londres para presentar su plan estratégico hasta 2021. Según sus cifras, los activos líquidos totales del grupo se han elevado en el tercer trimestre hasta los 75.500 millones de euros, «un nivel récord» para anticiparse «al vencimiento del TLTRO», asegura.

Con este colchón, formado por activos líquidos de alta calidad y por líneas de liquidez que se pueden utilizar para conseguir dinero en la ventanilla del BCE, CaixaBank se considera preparado «para amortizar el TLTRO en 2020» y para amortiguar el golpe de la devolución de 28.200 millones de euros en las dos principales ratios de liquidez que exige la regulación y que se verán afectadas por la merma de esos fondos.

La primera es la ratio de cobertura de liquidez (LCR), que fuerza a los bancos a tener un determinado nivel de activos líquidos de máxima calidad que se puedan convertir en efectivo en un momento dado para paliar una hipotética crisis. El mínimo regulatorio es del 100%. La segunda es la ratio de financiación estable neta (NSFR) y pretende que los bancos tengan acompasados los plazos a los que prestan y a los que captan dinero. También el 100% es el mínimo.

En estos momentos, CaixaBank tienen una ratio LCR del 193%, mientras que la NSFR está en el 114%. Tras la amortización del dinero recibido del BCE, «se espera que se mantengan cómodamente por encima del requerimiento regulatorio del 100%», ha prometido CaixaBank a los inversores.

Emisiones para el colchón anticrisis
La segunda tarea de la banca para contentar a los reguladores pasa por cumplir la nueva normativa que se ha diseñado a raíz de la crisis financiera para evitar que las entidades vuelvan a poner en peligro la estabilidad financiera. En el caso de CaixaBank esta normativa tiene la forma del MREL, el colchón anticrisis exigido para los bancos europeos.

Tampoco este requerimiento preocupa a la firma catalana. La entidad ha cifrado en un máximo de 8.000 millones de euros las emisiones que tendrá que realizar en los próximos tres años para cumplir el colchón de deuda con capacidad para absorber pérdidas que se le exige y cree que no tendrá problema con ello. El «objetivo de emisiones es alcanzable», señala, y se basará «en un plan de financiación enfocado a instrumentos subordinados para atender las necesidades del MREL».

CaixaBank ya tiene cubiertos los colchones necesarios de CoCos (que computan como capital Tier 1) y de subordinadas (que lo hacen como Tier 2). Por eso, su objetivo es llenar los huecos que le faltan con deuda sénior no preferente, aunque no descarta emitir otros instrumentos.

Y esos huecos procederán de los vencimientos que tiene el banco hasta 2021, que suman unos 7.500 millones, con 3.000 millones el próximo años. Todos ellos proceden de deuda que no suma en el colchón anticrisis (cédulas y deuda sénior preferente), así que serán remplazados por deuda computable para los requerimientos